10/20/2016

+ Caminando: Primer paso


En estos días pasaron cosas locas. Algunas cosas copadas y otras no tanto. Mi estado de ánimo ha sido el mismo, salvo cuando recordaba que tenía que anotarme en la facultad. Sí, es por lo mismo de siempre. Ian, que me agregó a Snapchat y tres días después yo lo hice. Sí, Ian: con el que estaba hablando hace un rato y ahora ya no porque decidió terminar todo. Quizás porque no me quiere, quizás porque no le gusto. Pero siempre siempre siempre vuelve. Siempre volvemos.

Pero no. Hoy me siento un poco mejor. Me siento emocionada, me siento un poco realizada, me siento distinta. Un poco más adulta quizás. Expectante como una madre embarazada que espera que ya culmine aquellos nueve largos meses para coger en brazos a su hijito. Así me siento yo. Porque hoy fue el día. ¡Hoy me inscribí en la facultad! Y para mí eso ya es un logro grandísimo.

Juananá, un chico que conocí en el sideshow de Marina en marzo, me dijo que es lindo tener planes futuros. Todo esto porque le conté que me daba gracia que mi abuela me haya felicitado por querer inscribirme en la facultad. Y él me respondió con eso; me felicitó, y eso me puso un poco más contenta. Debo admitir que el hecho de inscribirme en la facultad me da ganas de querer dar todas las materias del secundario juntas. Ahora. Ya.

Después de largas noches pensando, después de imaginarme tantas veces vestida de médico o de abogada, después de aquellas señales que me inclinaban a una carrera y no a otra, después de tantas disputas mentales y guerras conmigo misma, de tantos planes, de tantas comparaciones, decidí qué carrera seguir: medicina. Sé que es difícil y sé que me va a costar, pero no tengo nada más para decir. Tengo todo para recordar porque este amor por la medicina viene hace rato.

Desde chiquita siempre tuve una gran admiración por la doctora D'amato, mi pediatra. Mi mamá dice que fue ella junto a mi difunto abuelo quien me salvó la vida una noche en la que una pequeña Mariana no podía bajar de los cuarenta grados de fiebre. Cuenta que ella tomó el mando y ordenó enviarme a un hospital, donde permanecí internada un tiempo. Crecí con esa admiración, que se transformó en el deseo de querer ser pediatra. Y a medida que crecía, esas ganas no se fueron. Permanecieron ahí. Hasta que un día se me dio por ser médica forense. Me encantan los cadáveres, me encanta todo lo que tenga que ver con el cuerpo humano. Yo sabía que quería dedicarme a la medicina. Por un tiempo, cuando tuve química en el colegio, la idea de que podría llegar a ser ingeniera química se posó en mi cabeza. No tardó mucho tiempo en irse, pues al ver los temas que tomaban en la universidad entendí (o mejor dicho, supe) que aquello no era para mí simplemente porque no tenía vocación. No tenía el suficiente amor para pasar cada barrera. No estaba segura.

La semana pasada la profesora de inglés del colegio nos mostró una serie de diapositivas donde te decía, entre otras cosas, cómo elegir tu carrera. La semana pasada tenía con total seguridad la decisión de qué carrera iba a elegir. Pero todo lo que pasé, todas aquellas crisis de no saber qué elegir, estaban plasmada en esa serie de diapositivas que me hizo asegurarme más de que medicina era mi carrera. Y es que después de saber que fracasaría como ingeniera, en mi mente volvió la idea de estudiar medicina, esta vez para ser neurocirujana. No sé cómo, no recuerdo por qué, quizás porque siempre me llamó la atención lo interesante que es nuestro cerebro. El cuerpo humano es maravilloso en sí, y en eso se reduce el por qué medicina es lo que quiero. Pero luego vinieron personas. Muchas personas. Esas personas me decían que tenía que dedicarme a algo que tuviera que ver con la política porque debatía "bien". Abogacía se llama lo que quise estudiar después. Y la idea de ser abogada no me desagradaba. Quería ser penalista porque en teoría son los que más ganan.

Esto es raro porque siempre que leo algo que tenga que ver con los estudios universitarios, se pone de ejemplo abogacía y medicina como carreras complicadas. Es curioso porque en estos años que pasaron nunca me vi fuera de ese rango, es decir, nunca me vi como otra cosa que no sea abogada o médica. Y por eso me dejé llevar. Los penalistas ganan bien y yo tengo madera de ser abogada, genial. Pensaba que eso era para mí. Y pasé más de un año diciendo que iba a estudiar abogacía ignorando a alguien que tocaba mi ventana: medicina. Quería estudiar abogacía pero miraba a medicina con ojos deseos, como quien mira a un amante muriéndose por tocar su piel o como quien mira un pedazo de torta cuando está a dieta. Y me dije "voy a estudiar abogacía y medicina después", aunque en el fondo sabía que eso no iba a ser posible. Como toda joven, pienso que puedo hacer todo. Pero no, no puedo. Por eso es que me decidí. Mientras abogacía era mi primer objetivo, sentía por todos lados que medicina me estaba llamando. Sentía que el destino ponía señales, y yo empezaba a dudar. Empecé a ver que los puntos positivos de abogacía no eran tan positivos, pero los puntos negativos de medicina también estaban en abogacía. Y me dije "si estoy dudando tanto, no quiero estudiar abogacía del todo". Y finalmente decidí arriesgarme, tal vez porque medicina tiene un gran punto a favor: es el amor de mi infancia.

Tal vez sea difícil. De hecho, lo es. Sobre todo conmigo porque tengo una capacidad inigualable de convertir las cosas fáciles en cosas difíciles, y convertir las cosas difíciles en más difíciles. Pero lo quiero hacer porque es lo que quiero, porque es lo que me gusta. Y no voy a parar en conseguirlo.

Me inscribí en el CBC. El año que viene voy a dar el primer paso, no adentro de la carrera, pero es el primer paso. Y va a ser distinto. Parece tan lejano... Pero si pongo de mí, con la ayuda de Dios lo voy a conseguir. Lo tengo que conseguir porque no me imagino haciendo algo distinto. Yo quiero esto, y lo quiero con todo mi corazón.

Esta mañana fue rara, fue especial. Estaba tan entusiasmada. Al levantarme me carcomía los nervios, pero al llegar y entrar y ver que había chicos como yo que iban por primera vez, que se confundían de salón, que no sabían por dónde ir, comprendí que no soy la única que está pasando por esto. Algunos llegaron, ¿por qué yo no? No es imposible. Y es por eso que me decidí a estudiar esta carrera, porque es lo que siempre quise.

El amor por esto pasó fronteras de dudas, cambios, decisión. Pasó todo. Fue más fuerte que todo, y espero que sea más fuerte para poder traspasar cada barrera. Porque mientras mi lapicera dibujaba las letras, comprendí que ya estaba en el camino de la MEDICINA.

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