4/13/2016

- CARTA 1




¿Qué pretendo con esto? Descargarme y ver si con esto puedo cerrar un capítulo y empezar otro. O tal vez cerrar una historia y ser otra, quién sabe. El tema es que son cosas mías, problemas míos. Estoy triste una vez más por vos, tan triste y enojada que ya no siento ni la remota necesidad de decirte "Querido...". Tengo ganas de llorar y de romper cosas, tengo ganas de ver tu foto una vez más en la pantalla de mi celular y estrellarlo contra una pared. Tengo ganas de tenerte en frente y pegarte un cachetazo, solo para que te des cuenta de lo que siento por dentro. ¿Para qué? Simplemente para descargarme porque ya sé que a vos no te importa.

Hace días me mandaste un Snapchat. No era un Snapchat personal, más bien creo que era para joder, así como lo hacía yo. Vi la notificación y fue... raro. De pensar en Nico pasé a pensarte a vos, y me da bronca porque siempre es así. Nico esconde pensamientos más felices que vos y, aunque no es mi realidad, prefiero pensarlo a él. Y de repente llegas vos a mi mente, con una foto, con un snap o con un tuit (que ni siquiera es para mí). Y todo se me derrumba otra vez. Me hago mucho la cabeza, siempre lo hago, y esta vez no podía ser la excepción. Creo que vos... simplemente apretaste por accidente mi usuario y me mandaste ese snap por accidente. Pienso que todo fue un malentendido, un accidente justamente. Porque hoy ya no tengo nada más que tu foto y una esperanza de un whatsapp tuyo. Hoy algo de mí dice que vos no vas a volver con una seguridad inimaginable, pero una parte de mi corazón te espera solo para poder decirte "ya no más". Es histeria, lo sé, pero entendé que me quedaron palabras por decir y sentimientos por demostrar, y que fuiste en exceso forro conmigo.

Empezando desde el principio, por aquel dos mil doce. Ni siquiera te acercaste a pedirme mi facebook, se lo pediste a mis amigas. También les pediste mi celular alegando de que era para un amigo tuyo. Ese amigo se me acercó y me dijo "él dice que quiero tu número porque gusto de vos, pero no quiero tu número. ¿Quién va a gustar de vos?". Me dijo fea, y no estoy segura de tu expresión. No estoy segura de si vos me miraste o si dijiste algo, o cosas así. No me importó. Ni vos ni el pelotudo de tu amigo. Después llegó esa solicitud que ni me molesté en aceptarte. Insististe igual. Me mandaste un mensaje una noche en la que yo salía del baño, entonces me pregunté si yo te había aceptado. No, la solicitud seguía en espera, pero tu mensaje había sido recibido. No te importó. No sé cuál fue el motivo verdadero de aquello, pero te hizo insistir. Ese fue el principio de mi perdición.

Era final de año. Muchos quilombos, muchas pruebas, muchos recuperatorios y poca gente. Te perdoné el hecho de que no me vinieras a hablar, de que no me miraras siquiera. Te lo perdoné porque creo que casi ni me importó. Creo que te justificaba. Decía "Ah, es fin de año, están todos metidos en sus cosas". Pero así quedó. Durante el verano, después de mostrarme tu pija por whatsapp, me mandaste mensaje tras mensaje, y yo ni me molesté en contestarte. Pasaste el verano entero saludándome, preguntándome cómo estaba, solo para tener una amena charla o para que te mandara más fotos desnuda, quién sabe. Empecé cuarto, año dos mil trece, y tampoco me viniste a hablar. Retomamos whatsapp y mensajes de facebook. Volvimos a lo de antes, y yo tratando de que por lo menos alguna mirada viniera dirigida a mí. Por lo menos una. Por lo menos una palabra. Por lo menos algo. Pero ignoraba el hecho de que apenas verme, desaparecías. No querías cruzarte conmigo. Lo ignoré y recuerdo una vez, entre charlas, te dije que te iba a tocar el culo en el colegio. Te lo toqué, y ni vuelta te diste. No me diste bola, ni me dijiste algo. Nada. Me ignoraste por completo...

Mientras vos te la pasabas ignorandome, pidiendole fotos a Oya y chamuyandote a otras minas, yo estaba haciendome un pequeño drama por algunas charlas tuyas, dramas momentáneas. Desaparecías al toque de mi mente. De verdad tampoco le daba bola, supongo que será por la costumbre de ser algo entre las sombras y nada más, estar tanto tiempo oculta me hizo suponer que eso es lo que siempre debía pasar: ser la oculta y nada más. Pasaron los meses y terminé cuarto. Me llevé muchas materias y repetí, y me acuerdo que había charlas tuyas en la que parecías cortante. Eso sin contar que a fin de ese año te había visto demasiado con María, tu compañera, "la piraña". Le pregunté a Bobasso qué onda, qué pasaba, y me dijo que ella andaba pointeando con su ex y con vos al mismo tiempo. No sé qué pensé, no sé qué sentí, no me acuerdo. Dudo que me haya impactado mucho.

Repetí. Vos me habías dejado de hablar de nuevo, así que cuando apareciste una noche, cuando volvía del cine, sentí la necesidad de mandarte a la mierda. Harta, decidida, sin sentimientos verdaderos o profundos a la vista. Intuía que estabas jugando conmigo y sin saberlo te alejaba de mí. Debí haber seguido con ese plan. No tardó mucho para que me dejaras de hablar otra vez. Y después volviste una vez más para más tarde desaparecer. Yo te hablaba, me respondías cortante. Y cuando abría la mensajería de whatsapp, encontraba uno tuyo que no podía no responder. Y así fue, como un ciclo. Mientras tanto te stalkeaba en tuiter y me agobiaba por las cosas que ponías, que parecían más profundas de lo que sonaban. Cada tarde revisaba tu tuiter con la esperanza de que me dedicaras algo a mí, que me dijeras algo. Pero no. Nunca me dedicaste nada. Hasta que una noche decidí cortarme. Una boludez, lo sé, pero lo hice. Por vos. Porque sentía mucho dolor. Porque te extrañaba sin saberlo y mi mente, a raíz de nuestras charlas cada vez más cariñosas, creía que vos podías sentir algo por mí. Eras tan "cero amor" que creí que por un momento seguías dolido por lo de tu exnovia Melina. Me dije. Lo pensé. "Debe estar dolorido, no lo debe haber superado, una mala experiencia. Quiere amor, pero no se deja ama". Parecía eso. Así que decidí no presionar. Decidí abrirme, dejarte espacio, porque eso es lo que demostrabas, eso era lo que a veces decías. Hasta que un día te fuiste. Dejaste de hablarme una vez más. ¿Qué lo hizo distinto? Que esta vez parecía que te habías puesto de novio. Me llegaban rumores, te leía. Y una tarde en la que estaba completamente sola, abandonada y triste, decidí comprarme una botella de un licor fuerte que hoy no recuerdo (tampoco quiero hacerlo). Y me emborraché en mi pieza, sola, triste. Llorando. Te mandé un mensaje y hablé con mi mejor amiga, esperando a qué me respondieras, preguntándome qué podía hacer yo para que me hablaras. Obviamente esa respuesta nunca llegó. Lo único que tuve de tu parte fue un visto. Habías visto mi mensaje y lo habías ignorado. No te importó nada. No tuviste los huevos para venir y decirme que no querías hablar más conmigo, que tenías novia. Una vez más todo te chupó un huevo.

En una tarde nublada, una amiga mía me dijo que saliendo del colegio te vio de la mano con la piraña. Entonces me pregunté. Sembraste la duda en mí. Porque... ¿qué hacen dos amigos agarrados de la mano? Si bien la respuesta era obvia, yo necesitaba alguna pista más, algo más obvio. Un cartel gigante en el que dijeras que te habías puesto de nuevo, quizás. Sí, algo así. Y de hecho la respuesta la tuve. Tiempo después leí un tuit en el que se "felicitaban" con la piraña por los meses que cumplían de novios. Sorprendentemente ese período fue tranquilo. Creo que por tener problemas más graves en mi cabeza ignoré ese hecho y no hice el duelo que debería haber hecho.A pesar de que me había dolido, no había llorado ni tampoco pensado en eso. Ya fue. Entonces vino el dos mil quince. Segundo año que íbamos a estar en diferentes escuelas, aunque eso no se notara porque, cuando compartíamos recreos, nunca te me acercaste. Ya se sentía como si estuviéramos en diferentes colegios.

Me quedé sin celular en marzo del dos mil quince. Vos me habías dejado de hablar una vez más y yo... me resbalaba. No sé por qué, será porque ya estaba tan acostumbrada a sentir esto de tu parte. No me importó o si realmente lo hizo, no recuerdo el grado de importancia que ese hecho poseía en mi vida. Hablamos por chat de facebook durante un largo tiempo, amable, amenos... y cuando tuve celular otra vez, dejaste de hablarme a los tres días. Jodiendo con mis amigas, decidí mandarte una foto de una piraña y me contestaste sí, pero así no más. Sin atención, sin real bolilla... Nada. Con completo desinterés, si me respondieras por curiosidad o compromiso que por querer.

Cuando un mes después lo hiciste, decidí que no volverías a hacer lo mismo. Te bloqueé. Tuve la fuerza de bloquearte e ignorarte completamente. Y lo hice durante dos meses. En mayo había sido tu último mensaje en donde yo te decía que no quería hablar conmigo. Me clavaste el visto y en julio, dos meses después, seguiste la charla normal, como si fuera completamente común seguirme una charla a las cuatro de la mañana. Te saqué la ficha enseguida. Bromeaste. Dijiste "los renos (vos) los renos te quieren" y yo me ilusioné. Me puse a llorar aunque vos no hayas percibido nada. Me emocionó tal muestra de cariño, pero aún seguía queriendo alejarme. Así que, aprovechando que estábamos a una semana del viaje de egresados a Bariloche, decidí quedarme para presumírselo. Prometí que luego del viaje, no volvería a hablarle. Pero no fue así. Seguí hablandote.

Desde entonces seguimos en una confusión rara. Borracha te confesé que me gustabas, que te quería y que te amaba. Y vos... simplemente me mentiste. Me dijiste una cosa para quedar bien cuando la realidad era otra completamente distinta. Dijiste que me correspondías, y yo te creí a pesar de que en el fondo sentía una pequeña sensación de que todo estaba mal. Te creí igual porque, aunque tarde, me di cuenta que realmente te amaba mucho más de lo que jamás hubiese querido. Te creí porque no sé, porque no hay razón, porque simplemente surgió así, porque así salió, porque así fue.

No me comporté bien. Siempre digo que yo, Mariana, suelo derrapar en todas las situaciones de la vida, y esta fue una de ellas. Derrapé con vos sin saber a dónde se dirigía esto. Derrapé con vos y conmigo. Derrapé tremendamente, porque debí haberme ido hace bastante tiempo, porque debí haber gritado basta, debí haber encontrado el límte. Debí haber hecho muchísimas cosas para no estar en esta situación. ¿Pude haberlo evitado? ¡Claro que sí! Debería haberte bloqueado, haberte borrado de todos lados y seguir con mi vida. Encontrarme a un chico nuevo, a alguien que sea mejor que vos. A alguien que valore el cariño incondicional de una persona. Y recordando, me doy cuenta de tu habilidad, de tu viveza. ¿Cómo carajos hacías para pedirme mil veces de que no te dejara de hablar, para decirme que ibas a cambiar y no quedar como un arrastrado? Yo prácticamente te ignoraba y ya quedaba de esa forma, como si buscara arrastrarme de la forma más patética. Lloré por eso y por vos incontable veces, y eso que odio llorar. Pero me sentía mal y ya me quedé sin formas de descargarme.

Es raro el rumbo que tomaron las cosas. Nunca me imaginé terminar así, nunca me imaginé que terminara de esta forma. Pero bueno, así se dieron, de otras formas no pueden ser. Hoy sé que cualquier cosa que me digas no va a ser bueno. No puedo ya darme otra oportunidad. Ya no puedo creerte. Y aunque tenga la ilusión de que algún día te arrepientas y vuelvas, y me pidas perdón y me pidas una chance más, me pidas que lo intentáramos, te diría que no. Decididamente, no. Ya no quiero volver a eso, y me cuesta ignorarte, me cuesta desamarte, me cuesta olvidarte. Me cuesta tremendamente, porque aunque suene increíblemente cursi y asqueroso, es como si no imaginara la vida sin vos. Pero eso es lo que hay: vida. Y no puedo pasarme toda mi vida esperando por una oportunidad tuya que seguramente tarde demasiado en llegar, más aún después de toda las cosas que pasé con vos. Más aún que a pesar de amarte, nunca me viniste a hablar, nunca me pediste que nos viéramos, nunca me dijiste cosas lindas, solo aquel año nuevo cuando me dijiste linda. Es imposible para mí olvidar esa noche porque fue especial para mí. A pesar de recibir una miga de un rico bizcochuelo... Porque te leí cosas más lindas dedicado a chicas mejores... como cuando decías "Qué linda es Agustina Veltri" o cuando dijiste "Es hermosa Verónica, me encanta". Te leí bastante de esas cosas y me dolieron todas. Me dolieron todavía más cuando después insistías diciendome que me querías, que yo te importaba. Me dolía. Me dolía que a Verónica le hablaras y a mí no... Me dolía.

Pero bueno. Como digo siempre: Ya está, ya pasó, ya no más. Espero poder encontrar cierta paz en esto. Poder encontrar una solución, un camino, dejar de pensarte y dejar todo atrás. Quiero que me des igual, que me dejes de doler. Quiero que esta herida cicatrice, superar todo. No, no te odio. Es algo en lo que insistís bastante y sinceramente me parece igual de patético que yo escribiéndote esta carta. No te odio y no te voy a odiar hagas lo que hagas. No te guardo rencor ni nada por el estilo, porque eso sería darte más atención de lo que realmente necesitas. Así que no, simplemente soy indiferente ante vos. Simplemente para mí no significas nada más que dolor. Eso. Y no planeo que una herida me duela por tanto tiempo.

Hoy no sé si vos me vuelvas a hablar alguna vez en tu vida. No sé si después de Bariloche vas a volver a hablarme o antes. No sé. Ayer me enteré por la ficha de Julieta que te la comiste. Seguramente lo hayas hecho al mismo tiempo en el que tus palabras de "amor" o "cariño", o la mierda que sea esa que sentís por mí, me eran dedicadas. Lo esperaba. Lo esperaba porque leí tus tweets tirandote onda con ella. Conmigo nunca. Ni una palabra me dedicaste nunca. Cuando me dijiste "Te quiero, pero no quiero nada con nadie" supe que no ibas a tardar en aparecer con otra. Ya no sé si eso es importante. No sé lo que pasa. No quiero más de esto, y por eso trato de no pensarte. Así que nada. Me causaste mucho dolor y no tengo más para decir que eso. Es hora de seguir con mi vida, es hora de ya no forzar más las cosas. Intenté ser algo que vos buscabas, hice lo posible para remarla. Pero vos me mentías, y sé que a vos no te importa. Sé que vos me mentías estando consciente. Esa fue tu intención: lastimarme. Que yo esté arrastrándome. Pero bueno. No sé. La soga no da para más, ya se cortó. Ya no puedo reconstruir nada, ni tampoco tengo ganas de hacerlo. Espero que encuentres a alguien que te ame como yo y a la que vos también ames. Espero que esa persona te haga feliz y vos la hagas feliz a ella. Yo me despido para siempre de toda esta situación de mierda porque ya no quiero continuar arrastrándome. Agradezco darme cuenta de ello. Tarde pero seguro. Mejor tarde que nunca. Ya no quiero decir nada más...

13 de abril de 2016
Mariana

No hay comentarios: