3/28/2016

- Nubes


Incontable veces deseé tener una máquina del tiempo con el fin de o remediar errores o revivir momentos. Esta vez voy por lo segundo. Revivir momentos. Hoy pienso en un momento en especial. No fue mucho, pero por alguna razón lo quiero. Al momento, claro. No fue mucho, aún así no me lo pude sacar de la cabeza. Y es que hay un aroma raro en el aire, un aroma que me hace recordar más y más aquellos días nublados. No sé si el hecho de que estoy por dar un salto enorme en mi vida hace que yo me aferré a cosas conocidas, no lo sé. O tal vez es el hecho de que lo extraño demasiado, que extraño hablar con él, de que extraño su buena onda, sus palabras, su ternura. No lo sé. Lo desconozco sinceramente. Lo único que sé es que hoy, apenas me dejaba volar, ese día se me venía a la mente.

Era martes. Me levanté super temprano puesto que tenía que ir a rendir. Estaba nerviosa, sí, porque me había llevado un montón de materias y entre el martes y el miércoles debía rendir educación física, nticx e historia. Ese martes debía aprobar las dos primeras y, para ser sinceros, no había estudiado un carajo. Pero bueno, fui decidida a hacer mi mejor intento para aprobar y estar más cerca de pasar de año (porque sí, todavía no habia pasado).

La lluvia comenzó a caer torrencialmente justo cuando me encontraba a una vuelta del colegio. Me quedé en el techo de una verdulería, viendo la cortina de agua casi impenetrable mojarme los pies. La planchita se había ido a la mierda, mi maquillaje dejó de existir y mis ganas de volverme a casa eran más grandes que cualquier cosa que pudiese imaginar. Pero no podía volverme: primero, porque estaba obligada a aprobar y segundo, porque el agua no me dejaba hacer nada. No había indicios de que la lluvia fuera a parar, por lo que esperé unos minutos y luego decidí hacerme lugar entre las gotas hasta llegar al colegio.

La situación poco importante se resume en que la mesa de ntcix no era ese día, sino el siguiente, y que la mesa de gimnasia era a las diez. En parte mejor porque tendría tiempo de hacer el trabajo práctico que el profesor nos había mandado. Uno era de handball y otro no recuerdo, pero daba algo así sobre actividades físicas y eso. Paralelamente me encontraba hablando con él por Whatsapp, que se había despertado a las seis por haberse dormido a las nueve debido al cansancio consecuente de ayudar a su padre. Odiaba estar rindiendo en ese momento porque él me distraía. Quería quedarme hablando con él desde mi cama, acostada. De todas formas me las ingenié para poder hacer el trabajo práctico y a la vez hablar con él: le pedí las respuestas. Recordaba que Ian había hecho handball por lo que conocía muy bien el reglamento de dicho deporte. Me divertí, sí. Porque él era bueno. Porque algunas veces se dedicaba a decirme las respuestas y otras, a hacerme reír. Fue como si por un momento estuviéramos los dos frente a frente, así lo sentí.

El resultado de la mesa: aprobé. El profesor me puso un cuatro y salí contentísima. Se lo dije y él bromeó con eso. Me mandó un video que su amigo Agustín le había enviado. Me dio gracia. Me reí. De verdad que fue una linda mañana... hasta que me di cuenta que no tenía la sube. La había perdido. La busqué por todos lados hasta que finalmente mi directora la encontró. Él volvió a bromear con eso, esas bromas que tanto me hizo reír, Al salir del colegio fue a Simplicity; me compré un chapstick, una crema de manos de frambuesa y otra de aloe vera.

Al día siguiente la situación fue parecida. Me levanté temprano, él también lo hizo. Esta vez rendía historia y nticx. Le "pedí" ayuda a él porque también se había llevado historia y había estado como dos semanas estudiando (esa fue una de las razones por las que habíamos peleado una vez). Le dije lo que tenía que dar y no coincidía con lo que él había estudiado. No me pudo ayudar mucho. Terminé desaprobando historia y aprobando nticx. Y él me felicitó. Y yo lo cargué. A la tarde fuimos a ver Star Wars al Boulevard shopping de Adrogué. Cuando quise entrar a la libraría me crucé a... ¡La piraña! Iba con la mamá. Y yo no pude evitar pensar en Ian una vez más.

Esos días fueron lindos. Creo que él los hizo lindos. Extraño su dulzura, su paciencia. Extraño que me hable. Y es tan tonto extrañar a alguien con el que prácticamente no tuviste contacto personalmente. Pero es así. Lo admito. Me enamoré y lo quiero. Y lo extraño. Mucho. Demasiado. Pero él no me quiere. No sé si alguna vez lo hizo, pero ya no. Tampoco me muero porque él me hable porque... sé que si lo hace, lo único que va a hacer es causar problemas en mí. Me voy a sentir peor. Ya fue. Lo mejor es mirar adelante y dejar a Ian con el pasado, atrás. No darle más bola. Es que haga lo que haga, diga lo que diga, él no va a sentir nada por mí. Es al pedo que me hable. Mejor que sigamos así, lejos.

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