1/31/2016

- Necesitaba.



Bloqueé a Ian una vez más de mi vida. Esta vez es realmente en serio. Pulsé aquel botón en WhatsApp, luego en Snapchat, más tarde en Twitter y finalmente, en Instagram. ¿Por qué? Por tantas cosas.

Todo comenzó cuando volvió a ser cortante. Lo encontré distante, seco. Lo encontré raro. Es como si buscaba pelearme, como si aprovechara cada ocasión para tratar de meter alguna disputa. Y hablando sobre gustos musicales, reaccionó horriblemente mal. Me mandó un emoji, ese de la manito saludando, y yo me despedí. Harta, sin perder la cordura, lo bloqueé. Me autoconsolé. Me dije que no tenía sentido lucharla tanto con una persona que no tenía los huevos para admitir que ya no quiere hablar conmigo. Y es así cómo desde entonces ya no pienso en él.

No sé qué carajos va a pasar después. Ya no estoy segura. No sé si me va a buscar otra vez. No sé si va a querer hablarme y si va a encontrar la manera. No lo sé. Pero ya no me importa. Tengo nuevos pensamientos, pensamientos realmente egoístas. Más de mí que de otros. Ya no me importa Nicolás como me importaba antes, de hecho pienso que es medio pelotudo y que solo me parece lindo porque fue con quién perdí mi virginidad. Creo que lo trato interesante por eso. Pero no canto victoria. No quiero alegrarme de antemano. Ahora es eso lo que pasa por mi mente.

Con el tema de Ian, por algunos períodos de tiempo me dan ganas de decirle lo que siento. Es como si necesitara hablar con él, decirle que lo quiero, que lo extraño... Pero sé que no se lo merece y a pesar de sentir esa "necesidad", ya no me sale decirlo sin antes pensar en todas las cosas que me hizo.

Este pequeño período sin él aprendí que duele estar sin él, pero mucho más vale esa sensación de tranquilidad que habita en mí.

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