10/26/2015

Cohen.



La luz cálida a mitad de lo que sería mi corazón. Ahora está destruido, ahora está desolado. ¿Por qué? Por la vida. Es lo que yo siento en estos momentos. Me siento incompleta. Como si una luz alumbrara solo parte de mi corazón y la otra parte se encontrara a oscuras, gritando sin ser escuchada. Así es cómo me siento yo hoy. Así es como me sentí yo toda mi vida.

Cohen. La adolescencia no viene sola, dicen. La adolescencia viene con muchas dudas, muchos problemas. Dicen que la adolescencia viene con muchas sensaciones, con muchas ilusiones. Y dicen que cuando uno es joven, nada lo puede parar. Nada puede derrotarlo. Nada puede hacerle mal. Porque sos joven, la vida te sonríe y te quedan años por vivir. Porque la vida es larga y corta a la vez, y cuando sos joven, adolescente, las ganas de vivir están intactas. No para todos.

La adolescencia. Esa mezcla entre niñez y adultez. Esa peligrosa combinación. Nos creemos tan grandes para hacer cosas de adultos y nos sentimos tan pequeños para comportarnos bien. Así es. ¿Y los sentimientos? ¿Alguien piensa en los sentimientos adolescentes? Sentimientos de grandes que nos hacen sentir chiquitos.

Cuando a mí me pasa algo, me acurruco en mi cama. Posición fetal y a veces el llanto sale. No me gusta llorar, pero a veces pasa. No obstante prefiero escribir. Pero lo que siento además de tristeza es la necesidad de un abrazo, de un contacto. De algunas palabras o miradas cariñosas. De algo que me haga sentir segura y protegida. Como una niña en los brazos de sus padres, pero que ya no necesita el abrazo de sus padres, sino el de alguien más. Y creo que lloro más porque nadie me abraza que por algún motivo en especial. Creo que lloro porque a veces la soledad se siente fea y fría, y no tengo nada cálido con que combatirla.

Soledad. En la adolescencia es muy común vivir en soledad o simplemente sentirse solo. O querer estar solo. O las tres cosas. A mí me pasa algo así. No quiero estar con nadie, pero a veces tengo la sensación de que necesito estar con alguien. Llorando o escribiendo, eso se me pasa. No me gusta la manera en que resuelvo las cosas. Me hace sentir como si el dolor no quedara completamente fuera de mí. Pero es lo que puedo hacer. Porque no quiero que los demás me vean débil, llorando o preocupada. Porque siento que nadie me entiende o simplemente, tan solo, porque hay cosas peores en el mundo que esa sensación caprichosa de querer estar solo.

Capricho. Eso. Desde siempre fui muy caprichosa. Desde niña. Y no recuerdo si en la infancia el capricho duele. En la adolescencia duele como mil cuchillos en medio del cuerpo. ¿Por qué? El capricho a veces, casi siempre, viene acompañado del enojo, del llanto, del berrinche y algo más. Desde siempre fui una nena consentida. Siempre que quise algo, se me dio. Y ahora en la adolescencia ya no quiero cosas materiales. Cuando algo no me sale bien, hago berrinches. Pataleo, grito, lloro, revoleo cosas solo porque quiero que las cosas sean como yo quiero. Es así. Sin más ni menos. Es lo único que quiero. Pero el mundo no gira en torno en mí. Soy terca, caprichosa, berrinchuda y me cuesta entender eso. El mundo sigue girando esté yo bien o mal, y la que se perjudica soy yo. Tal vez por eso me encierro tanto. Tal vez por eso me obsesiono.

Obsesión. Algunas veces me pregunto si aquello es solo mi problema o de alguien más. Sé, supe entender con el tiempo, que no estoy sola. Hay gente que se obsesiona igual o peor que yo, y eso en parte me hace sentir menos enferma. Pero lo mío es tedioso. Es insoportable. Me cuesta convivir conmigo misma. Estoy en una guerra conmigo misma, y la obsesión... la obsesión es algo de lo que me enorgullezco cuando no debería ser así. Soy capaz de hacer cosas extremas porque soy impulsora por esa maldita obsesión. Chicos, cosas, etc. No importa de qué. Soy obsesiva de todo y de nada a la vez, pero capaz de hacer cualquier cosa cuando estoy cegada y obsesiva. Capaz de cualquier cosa. ¿Es eso parte de mí o es solo parte de la adolescencia? No me importa.

Y así... así... Adolescente, caprichosa, obsesiva y demás... así es Cohen.

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