9/12/2015

- Esta vez todo es diferentemente igual a la anterior



Y siguen las preguntas, y siguen sin ser respondidas. Y sigo yo con sentimientos raros. Y sigo yo con confusión.

Ian.

Y lo trato mal, y lo trato bien. Y no lo trato directamente. Lo siento distinto esta vez, pero para mal, no para bien. Qué problemas de minita que tengo, pero es lo que pasa por mi mente en estos momentos. Estoy viendo la foto de Nico, mi amor barilochense, y se me escapa el dedo, entonces aparece su foto. Y ya no me parece lo que antes me parecía. Ya no es lo que antes era.

Ian se cree bueno en la cama, y aunque eso ya no me preocupa, no quiero probarlo de ninguna manera. No quiero estar en su cama, no quiero estar con él. Quiero estar con otra persona. Desearía haber tenido este sentimiento un mes antes.

Se están por cumplir las once de la noche. Dentro de una hora va a ser trece de septiembre, un mes de Bariloche.

¿Qué tengo que decir sobre Ian? Lo tengo que dejar con su estupidez. Me da bronca, no lo quiero. Lo tengo que dejar. Tengo que dejarlo fluir. Nada va a pasar si nada siento. Y es que ahora siento cosas por otra persona. Nico.

Eu, no. Esto es un tema delicado. Desde que llegué de Bariloche que ando comiendo de todo. Salado-dulce-salado-dulce y así. Me siento llena; tengo la panza dura aunque haya ido al baño hacia cinco segundos. Tengo ganas medianamente seguidas de ir al baño. Y últimamente he tenido náuseas. Me vino por última vez el cinco de agosto. Ha pasado un mes y cierta cantidad de días ya, y no me ha venido nada. No siento dolores ni nada. No me se hincharon los pechos y tampoco duelen. No ovarios, no nada. Nada. Raro. No me preocupa un toque porque soy irregular, pero la idea de un embarazo no sale de mi mente. Nos cuidamos, sí. Pero... ¿Y si pasó algo?

No quiero ser tan enfermiza de ponerme contenta por la noticia. Es decir, tengo diecisiete años, no terminé ni la secundaria y sigo viviendo con mis papás. Pero la idea de verlo a Nico por un hijo es... aff... no sé. Tengo ganas de verlo de vuelta, pero no me animo a hablarle. Un hijo es una excusa perfecta. Pero no. ¿Qué pasa si estoy y él no se quiere hacer cargo? Oh. Desastrosamente desastroso. Y por otro lado está la tristeza de no volver a mantener contacto nunca más en el caso de que no lo esté. Pero bueno. Solo queda esperar. Y si la semana que viene no me cae Andrés, compraré un test.

La idea perfecta sería no estarlo y que él me hablara.

Sí.

La idea perfecta sería esa.

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