5/29/2015

- Escribiendo cartas.




Si tengo que contar las veces que he empezado a escribir palabras con el mismo sentido que las que estoy escribiendo ahora, me quedaría sin números. Vos sabés cuánto es eso, sos experto en matemática. Así que está bueno que sepas que he intentado escribir, que he intentado decir anteriormente, pero que no he podido por alguna misteriosa razón.

Ante todo, quiero avisarte, decirte o informarte que esto no lo hago por vos. No espero una respuesta de tu parte, no espero un "te amo" o un beso siquiera. De vos no espero nada. Esto lo hago para sentirme mejor, liberada. Si no fuese por mí, por mi bien estar, esto quedaría enterrado en el fondo de mi corazón, bajo setenta llaves, y me lo llevaría hasta la tumba. Bueno, hasta la tumba quizás no, pero sí lo mantendría guardado hasta dentro de unos años, cuando mis hijos me pregunten por un viejo amor. O cuando me pidan un consejo amoroso. Y entonces les hablaré de vos con un único título: mi primer amor.

A vos tal vez te importe poco y nada lo que pase conmigo o lo que yo sienta. A vos te importa poco qué es de mi vida, qué es lo pienso o cómo te veo. Mantengo eso en mente para no dejarme caer en eso que se llama... eh... ¿egoísmo? ¿egocentrismo? Y así pensar que vos vivís solamente por mí, que vos sos capaz de caer ante mis pies con tan solo un suspiro mío. No. Mis palabras, mis sentimientos, mis palabras... Todo lo que venga de mi parte no te interesa, no te afecta. Es lo mismo para vos escucharlo, pero para mí no es lo mismo decirlo. Los papeles están invertidos. Yo soy la que cae a tus pies con tan solo un paso tuyo. Sí, esa soy yo.

Últimamente no sé por qué estoy jodiendo tanto con vos. No sé por qué veo tus fotos y te sueño, no sé por qué stalkeo a tu novia y a sus amigas, y me quedo a ver todas las fotografías donde están los dos juntos. Sí, soy una obsesiva y sí, sé que eso asusta. Pero no te quiero matar. No la quiero matar a ella. No quiero que tampoco les vaya mal o cosas similares. Simplemente estoy enamorada y el ser obsesiva está en mi naturaleza. Por eso es que me pongo los auriculares, veo dos o tres fotos tuyas y enciendo la música para poner la vista en algún punto indefinido y dejar mi mente actuar creando visiones de qué pasaría si... si yo siguiera, si yo terminaría la secundaria con vos, si nos volviéramos a cruzar.

"Cuando el viento pare, nada volverá a ser como antes, y en el cambio siempre está la evolución".

Es gracioso. Me acuerdo de esa frase. Antes que el dos mil trece empezara, mi último año allí, yo cantaba con emoción esa frase en mi mente. Creía que me definía. Pensaba que el hecho de que ya no estuviéramos juntos en el mismo salón supondría algún cambio fuerte. Fue un cambio, pero no en mayor medida. El cambio grande lo dí un año después, cuando repetí. Tiré mi vida por el precipicio y eso sí que trajo un cambio grande. A partir de ese cambio no evolucioné. Creo yo que pasó al contrario. Inevolucioné. No cambié nada, no mejoré en nada. Lo único que hice, que no fue distinto a las anteriores veces, fue quedarme estancada en cosas que pasaron y que no volverán a suceder para poder arreglarlas. Muchas veces me pregunto el por qué. ¿Por qué no pude seguir? ¿Por qué no pudimos seguir? ¿Qué es lo que hicimos mal? Y es entonces cuando me doy cuenta que el tiempo de luchar, de cambiar, ya pasó. Tuve la oportunidad y no la aproveché. Y así pasó con todo. Pasó con nosotros. Tengo tiempo de cambiar, de hacer de las cosas algo mejor, pero no lo aprovechó. Me muestro indiferente y cuando el tren por fin pasa, yo lo miró yéndose, esperando que vuelva para poder tomarlo otra vez y llegar a tiempo a la próxima estación. Y tal vez es la edad o el simple hecho de tener cabeza, de conservar el pensamiento lógico, pero me doy cuenta que ese tren nunca volverá. Aquel interno era el número uno, pero ya pasó, Ahora no me queda otro remedio que esperar al interno número dos. ¡Pero yo quiero al número uno! ¿Entendés? Capricho. Capricho de mi propia actitud.

Algunas veces pienso que soy una tonta. Una tonta por no seguir adelante. Es complicado de explicar tratando de disfrazar mi estupidez, pero es muy fácil de entender. Supongo. Ahora, en vez de seguir con mi vida y mejorarla, me quedo estancada. Me quedo pensándote, preguntándome qué es lo que sentías vos. Pero eso ya no tiene valor, ¿no es así? No lo tiene. Porque de todas formas yo ya no sigo allá y no voy a volver. Nunca. Y eso lo sé con toda la seguridad que puede habitar en mi cuerpo. Y entonces te sigo pensando. Quiero decir esa frase que siempre dije, pero no quiero decírtela. No quiero que la oigas tan temprano. Porque si expreso todo lo que siento y esa frase se me escapa, perderé. Perderé porque estás ejerciendo control en mí otra vez, porque demuestro que caigo a tus pies repetidas veces, inclusive cuando vos te encontrás excesivamente lejos de mí. Seguís teniéndome, me sigo entregando a vos, por lo menos en lo que esto que se llama imaginación. Si alguien me dice que vaya directo a vos y te exprese, no con palabras, sino con hechos qué es lo que siento, yo me quedaría parada enfrente tuyo, mirando a cualquier lado, menos a los ojos. Vos recordás los efectos que tenés en mí, recordás lo estúpida que me comporto. Y recordás que no te miro a los ojos. Y en ese caso, en el caso hipotético que se me pida expresarte mis sentimientos, no haría nada. Esperaría que vos hicieras algo para obtener alguna respuesta espontánea de mi corazón. Y no me resistiría. Recordá que soy una puta impulsiva.

Vos seguramente ya te imaginarás lo que quiero decir cuando me refiero a "una frase". Lo sabés muy bien. Y cuántas veces habrás escuchado esas palabras, no lo sé. Tampoco sé cuales de ellas fueron sinceras, pero de mí quedate tranquilo. No hay verdad más absoluta que esa. Esa frase tan difícil de decir, esa frase cursi e inservible que me hace quedar tan mal, esa frase es la absoluta verdad. Esa frase, tan amplia y a la vez tan chica, tan odiaba y a la vez tan amada, tan anhelada, esa frase que me hace quedar peor de lo que ya quedo delante de tus ojos, esa frase es totalmente sincera. Pero no te la voy a decir, no por ahora. Tengo mucho para decir, y soltar esa frase es ponerle un punto final a mi texto, a mis palabras, y no es lo que quiero. Quiero que mis sentimientos, por primera vez, vean la luz y en ella se suelten. Quiero que mis sentimientos, retenidos por tanto tiempo, vuelen divertidos en el aire, y que vos los atrapes. Si querés, claro. ¡Ahí está! No hay mejor escena metafórica que podría definir esto. Yo suelto palabras voladoras, y con eso mi tranquilidad aparece. Estoy aliviada. Pero de ahí a que vos las atrapes y jamás las sueltes... eso depende puramente de tu persona. No me preocupa aquello, no me preocupa que te importe. Lo único que me importa es poder aliviar un poco esto que siento. Y sé que no se va a terminar acá. Sé que no voy a decir esto y ya te voy a olvidar. ¡NO TE PUDE OLVIDAR EN PUTOS CUATROS AÑOS NI SIQUIERA YÉNDOME LEJOS! Es ingenuo, propio de una nena de quince años, creer que a pesar de cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada mes, cada año que pase amándote, te voy a olvidar en un segundo. A pesar de todas las cosas malas que me hiciste, a pesar de todas las cosas que me hicieron sufrir, te sigo amando. Y lo peor es que no encuentro por qué.

Ok. Ya hablé de mi presente, hablé de esa frase de mierda, pero ahora quiero hablar de... mmm... mis sentimientos, de mí. Y después voy a hablar de vos. Espero conservar la línea y no unirme a las ramas, y así navegar en algún puerto de palabras inservibles. Las palabras que expreso yo sí que sirven, más de lo que te podés imaginar.

Es difícil expresar mis sentimientos sin decir esa dichosa frase de porquería, pero creeme que me las voy a ingeniar. Siempre me las ingenio. Yo... mmm... bien. Repasando nuestro pasado. Nos conocimos cuando yo tenía once años, pero nuestro primer contacto real fue cuando tenía doce. Sinceramente no creo que haya habido mucha simpatía entre ambos. A los doce casi trece me empezaste a gustar. Ese fue el año en el que te empecé a amar. Sí, en ese año. Y estaba confundida. Oíme. Si una nena de trece años te dice que está enamorada, lo primero que hacés es decirle "¿Sí? Bueno, bueno. Contame de ese "amor" tuyo?" y un poco más te le reís en la cara, con una carcajada fuerte como un trueno. Sí. Esa acción es la más esperada, pienso yo. Y aun me parece mentira como a los trece años pude amar a una persona. Pero era un amor idealizado que yo sentía hacia una persona idealizada. Te idealizaba demasiado, y no sé cómo, no sé por qué, hoy tengo un amor hacia vos que no es idealizado, sino real. Yo creo que debe ser porque cuando me di cuenta que no eras lo que vos mostrabas ser, yo me la banqué y seguí estando a tu lado. Casi como si nosotros estuviéramos juntos y vos robaras. A mí´no me gustaría eso, pero te bancaría. Todos tus errores te bancaría, y seguramete tendríamos problemas de pareja, pero yo seguiría ahí, vigente como siempre. Claro que me hubiese encantado poder agarrarte la mano, poder besarte y poder decirte "eso". Lo nuestro fue todo en el aire. Nada pisó suelo, ni siquiera yo. Y cuando lo hice, cuando toqué algo sólido, no fue con los pies, sino con la cabeza. Y el impacto dolió, pero yo me paré (más bien, arrodillé) y es hasta el día de hoy que sigo así. Veo la realidad. Cumplí diecisiete años hace un mes. Veo la realidad, ya me la presentaron, y aun me parece mentira como sigo queriéndote. Estos años que pasaron, los años que pasamos juntos, los volvería a repetir. Volvería a repetir el instante en que maté el estilo de vida que tanto quise solo para quedarme a tu lado. (Y ya ves como siempre me enrosco en lo mismo).

No sé si vos te diste cuenta de eso, pero de todas formas lo manejaste mal. Muy mal. Vos... a pesar de que lo hiciste mal, mantuviste tu posición. De todas formas.... supongo que es difícil mantener la postura con este tipo de cosas. Yo fui demasiado tonta. Vi colores en un cielo gris, como dice la canción esa. Y de eso me siento muy avergonzada hasta hoy. Y seguiré avergonzada mañana y pasado, y pasado, y el mes que viene. Seguiré pensando en vos, en nosotros, en lo que fuimos y en lo que no hasta por mucho tiempo. Ya supones por qué. Esa frase que no quiero decir aparece otra vez. Ya ves cuantas oportunidades tuve y tengo para decirtelo, pero no. No es el momento indicado. Y no sos la persona que mejor guarde esas palabras, pero bueno. Mi corazón te eligió a vos por alguna razón. Y por algo sos la primer persona que mis pensamientos albergaron. Por algo sos la primera persona de la que hablé sin parar, la primera persona por la que retweeté alguna frase de amor. Por algo sos lo que hoy sos, por algo significas lo que hoy significas. Por algo estoy acá, dedicándote cada entrada de mi blog, por algo siempre termino volviendo a vos y a estos sentimientos dentro de mí que te pertenecen. Por algo sos el tema de mi entrada ahora, por algo te estoy dedicando una carta este veintinueve de mayo de dos mil quince, año que debería ser de los mejores de mi vida pero por mi estúpidez, no lo es. A las veintitrés horas, tres minutos de la noche.

Y te digo algo que por ahí te ofenda...

No sos un hombre adecuado para amar. No tenés una fortuna millonaria, tampoco mansiones en miami. No vas al gimnasio. Sos lindo según los ojos que los mires. Sos un arrastrado, te morís por dos pesos que vienen de la peor persona. Sos manejable, calentón, tenés faltas de ortografía y todo lo demás. Pero a pesar de eso y de todo, yo... te amo.

2 comentarios:

David Oteiza dijo...

Pulufuberto pasó por acá

David Oteiza dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.