1/22/2015

NO LEER hasta ser adulta!

Villa Carlos Paz, Córdoba.
Argentina.
22/01/2015
05:05 A.M


Carta de una adolescente perdida, indecisa e impulsiva a una mujer adulta hecha y derecha (quiero creer).

Querida Mariana Alejandra Medina Mora:

Siento estúpido hacer esto, pero de alguna forma es necesario. Espero que en el futuro encuentres una explicación a esto que no suene estúpida, infantil y/o inmadura. De todas formas, entre mi lucha por ser otra persona en este año nuevo que comienza, me veo aquí una vez más. Sentada en la cama de tu prima Julieta, con la netbook del gobierno entre las piernas, escribiendo y pensando a la vez las cosas que quiero decirte. Tu otra prima, Pilar, está arriba. Supongo que está durmiendo. Dentro de una hora más o menos amanecerá... Otra noche desvelada. Espero que en el futuro tus hábitos nocturnos cambien, aunque te la pasas toda la noche de fiesta.

Estos días estuvieron nublados y con algo de frío. Como seguramente ya sabrás, lo disfruté. Amo la ropa de invierno; adoro vestirme cómo me gusta y creo que en verano me excedo con la ropa. Quizás esa sea la razón por la que me agarró frío mientras me bañaba (¡El agua estaba helada!). Entonces pensé en hacer esta carta con el fin de que te conviertas en una adulta y madre correcta, que no te olvides lo que es la adolescencia y cómo se enfrenta. Es que sí, los adultos tienden a olvidarse qué es y cómo es, y eso es lo que vos estás sufriendo ahora, a los dieciséis años (en abril cumplís diecisiete y no estás muy entusiasmada).

Tengo tantas cosas para escribirte... Y sé que no bastará con una carta sola. Sé que en esta carta faltaran muchos datos que iré aprendiendo a medida que el tiempo corra, pero esto es lo que sé hasta el momento, y prefiero escribirlo. Te hace falta madurar, te hace falta crecer, y hay tiempo para eso. Nadie te corre. Por eso es que yo estoy tranquila. (Ay, me agarra una emoción tremenda. Me imagino el momento en qué leerás esto. Seguramente te emocionarás como yo me estoy emocionando ahora. Seguramente estés casada, espero que con Fede, y con hijos tal vez. Sí, lo ideal es que tengas hijos para poner en práctica lo que te voy a contar, un pequeño secreto de la vida).

Por cuál lugar de mi mente debo empezar... Eso es algo complicado. Vos ya sabes que tengo muchos problemas, muchos dramas, y es complicado expresarlo ya sea oral o por escrito. Por eso te voy a decir cómo me siento ahora. Vos ya sabrás cosas que yo a estas alturas ni me imagino, así que correrás un poco de ventaja. Sabrás entender mis sentimientos y, quizás, mis reacciones. Siempre fuiste una persona bastante reflexiva, hasta tu psicóloga María Teresa Cataldi te lo dijo, así que analizarás toda esta situación. Y en este momento me siento... confusa. Confusa. Tengo la canción "Teen Idle" de Marina and the diamonds en mi mente, y tal vez sea porque lo considero el soundtrack de mi adolescencia. Sabes, también, que esa canción define ese período, que pega justo en el palo.

Todavía no sé si cambiarme de colegio. No sé si a papá le va a gustar o si va a acceder. Por otro lado, el Stella Maris, el colegio al que me quiero cambiar, sale como mil pesos por mes, y con esto del hermanito nuevo (me duele decirlo), no tendremos mucha plata supongo. Aunque este año me propuse varias cosas, entre ellas está la idea de trabajar. Tengo que conseguir trabajo cueste lo que cueste. Pero sin irme de tema, tengo fija la idea de quedarme en la treinta y dos, con mi computadora y mis viejos compañeros. Allí no tendría UPD, BRC, fiesta de egresados, UUD y esas cosas que en el Stella Maris si tendría. Si me quedó en la treinta y dos, tendré que irme a Bariloche con los del prado, y no me gusta mucho esa idea. Ya me siento olvidada, fuera de lugar, como si nunca hubiera ido a ese colegio. No obstante, los recuerdos me atrapaban de vez en cuando, y mientras me hamaco, pienso en cosas que hubieran pasado si hubiese seguido allí. Lo superé, pues ya no me pone mal ver tantos "Promoción 2015", pero los recuerdos, lo más importante, aun siguen en mi mente, más cuando pienso en dos personas: Clara y Leandro.

Me alegro mucho de que estés evolucionando. De verdad. Me alegra que por primera vez estés dispuesta a cambiar, a seguir para adelante y dejar de mirar al pasado deseando volver, lo que hiciste hasta ahora. Y me siento orgullosa de vos por ese lado, porque sé lo difícil que es para vos superar cosas y dejarlas atrás, olvidarlas. Y Clara y Leandro fueron personas muy importantes para vos. Hasta ahora no sabía que Clara también lo había sido, pero Leandro sí que lo fue. Ahora me da gracia como te surge el rencor de adentro y les tiras mala onda. Me da gracia, me río, pero por otro lado me agarra vergüenza porque... es raro de explicar. Digo. Seguramente ya sabes de las imágenes de ellos que encontramos. Una de las imágenes, fotos, están ellos dos abrazados, mirando fijamente hacia la cámara. Parece tomada hace poco, y eso, que al parecer me está mirando desde la pantalla del celular, hace que me sienta avergonzada, ya sea por stalkearlo o por alguna otra cosa.

En Leandro estaba pensando. Leandro fue tu primer amor, eso no lo podés negar. Sea un estúpido, un tarado, vos a él lo amaste. Tenga novia o no, lo quisiste. Y sé que te dolió mucho todo lo que viene pasando. Sé que lo que más te duele es que las cosas se hayan terminado así, que no le hayas podido dar un final digno a esta historia que no tenía razón para ser. No sé cómo te sientas en el futuro. No sé si te acuerdes de él o si pensás que todo lo que sentiste por Leandro es una imagen falsa adolescente que te hiciste. Pero yo vengo acá para recordarte lo importante que fue Leandro en, por lo menos, tu adolescencia. Y supongo que en tu vida también, pero no me quiero arriesgar a decir eso porque... porque es un estúpido. Y no merece estar en tu vida. Es importante. Lo fue. Y no sé por cuánto tiempo lo será. Él ya no es el mismo joven de mirada penetrante, ojos verdes y trato dulce. Él ya no hace los mismos chistes de antes. Ya no te acompaña a Abremate en una excursión escolar y le dice a tu mejor amiga que se nota que no querés estar al lado suyo. Ni tampoco te dice "Es injusto porque vos me podés abrazar y yo no" cuando lo abrazas y te salís rápido para que no te dijera nada malo (y ahí vienen un montón de recuerdos que me hacen sentir más que estúpida). Tampoco le va a susurrar a tu mejor amiga que te extraña porque vos faltaste por estar enferma. Ni te va a tocar la mano por abajo del cuaderno de comunicaciones cuando se lo extiendas, así como tampoco va a ignorar a tu compañera para escucharte a vos y solo a vos. Ya no es la misma persona. Y tenés que admitir que vos tampoco. Que a tus dieciséis años, por más fracasada que te sientas, cambiaste. Y hasta maduraste en algún sentido. Estás más grande, aunque vos ni lo notes. En el fondo, a pesar de los miedos y las negaciones, sé que querés verlo una vez más. Sé que querés ver su reacción por última vez. Sé que querés hacerlo... y sé que te sentís asustada porque temés de las cosas que le pudieron haber dicho de vos. Lo sé. También lo siento. Pero sé que las cosas no pueden quedar así.

Y Clara... Hoy, hace un ratito no más, mientras escuchabas música, te acordabas de ella. De los momentos, de las risas. Creo que no hay ni un solo momento que no te acuerdes de ella. Tu (ex) mejor amiga, la que delató tus sentimientos por Leandro, pero también la que te acompañó, la que te hizo bien y la que te hizo mal, y en parte te hizo perder ciertos miedos tontos, como el de participar en clase. La que te acompañó en tantas aventuras con Leandro, pero con la que luchaste mucho. La que te hizo, en parte, quedar como mala junta. La más sincera, la más ingenua, la más tonta quizás, esa fue Clara. Y fue tu mejor amiga. ¿Pero por qué todo esto viene justo ahora? ¿Acaso la extrañas? Clara es muy obvia. Muy transparente. Uno puede saber lo que le está pasando, lo que está pensando, con tal de mirar su cara. Aquel día de octubre, cuando fui a ver la obra de mis compañeros, yo vi como ella me veía a mí y se quedaba... inmóvil. ¿Tanto le importo? ¿Tanto le importé? ¿En serio? Puede que no. Ahora ella está bien, con sus amigas y amigos, y hasta con un novio. No creo que vos seas algo en lo que está pensando ella en este momento. Pero jamás nunca jamás le diré cómo me siento en algunas ocasiones, cuando la recuerdo a ella y a nuestras aventuras. A nuestros quilombos... A nuestras risas y carcajadas...

Son 5:35 A.M. El sueño ya me empieza a pegar como una botella de vodka.

Supongo que ahora viene un tema bastante complicado: tus padres. Ese tema es más que complicado. Espero que en el momento en que leas esta carta tengas a tus papis todavía vivos, con vos. Y si no lo están, te envío fuerzas. Muchas fuerzas. Aún desde acá duele pensar en eso. Me da ganas de llorar. Por eso te envío fuerzas, porque sé cómo te debes sentir si no tenés a tus padres vivos. Y no quiero ni hablar si algo le pasó a Facundo. Con ese nene sí que estarías muerta en vida. Te entiendo. Pero tenés que seguir adelante. En realidad, si es que algo pasó. Ojalá no. También... está otro integrante de la familia. No sé cómo será en el futuro. Supongo que cuando leas estas palabras, él o ella tendrá unos cuantos años (si es que nace). Así que nada... Ya lo habrás superado. Seguramente lo debes amar como lo amas a Facundo. Ahora, te cuento, cuesta imaginarlo. Pero bueno. Así son las cosas.

Hace dos días más o menos. Yo estaba en la plaza junto a Pili, entonces papá llamó. Hablamos de algunas cosas, y luego casi se despidió diciéndome de que iban a ver si no venían un fin de semana para venir a buscarme. Me molesta leerlo, escucharlo, oírlo. Y me molesta que sea así. Ojala no vengan. Me quiero volver sola, y eso es porque ya no los aguanto. Creo que estoy colapsando de ellos, de que tomen tantas malas decisiones. Estoy colapsando porque estoy cansada de que no me den la atención que necesito, que se piensen que soy una nena chiquita y no tengo sentimientos. Y a esta parte quería llegar, Mariana, así que lee muy bien lo que te voy a decir. No solo quiero que lo leas, sino que lo pienses. Hacé las cosas bien con tus hijos. Hacé las cosas bien, sobre todo, con vos misma. Porque cuando leas esto ya vas a ser una adulta y vas a tener que sostenerte emocionalmente vos sola. Así que te pido por favor que nunca te descuides. Que trates de darte un tiempo para vos. Porque sé que si descuidas tu salud mental, corres el riesgo de volverte loca o de hacer locuras. No seas como tus padres. No seas como tu mamá, no seas como tu papá. No tomes malas decisiones, no dejes que nadie te manipule. No dejes que nadie se meta en tu vida ni te diga que hacer, no dejes que los consejos de la gente te guíen. Guíate vos sola. Sé vos misma la conductora de tu vida. Respeta tus tiempos, tus decisiones. Respetate como mujer. No hagas lo que mamá hizo. Y tampoco sigas el ejemplo de papá. No te conviertas en una persona que solo vive para el trabajo. No te conviertas en esa persona que hace de todo para consentir a tus hijos. No te conviertas en esa persona que solo trabajaba para poder darle a tus hijos algo material, pero no algo mental. Lo material es importante, sí, pero más importante es la salud mental de tus hijos. No creas que tus hijos son de hierro, que no absorben nada, que no les pasa nada. En la infancia, en la adolescencia y aún en la adultez van a estar en diferentes guerras. En la infancia los podés controlar tal cual quieras vos, pero en la adolescencia se te van escapando de las manos. En la adultez... no te preocupes. Van a saber resolver sus problemáticas solos. Y si no saben hacerlos solos, van a pedir ayuda.

¿Te acordás de la casa de Ameghino, en Banfield? ¿Del Inmaculada Concepción de Lanús? La vida que llevaste por diez años, solitaria y sin nadie, escuchando las peleas feroces de tus papás. Aunque lo niegues, eso te marcó. Te marcó, también, que tus papás se separaran. Eso se ve en tus calificaciones de cuarto grado. Te llevaste cuatro materias, tuviste cita con la psicóloga del colegio por el tema de tus papás, y tal vez esa sea la razón por la que se te hace difícil encontrar los límites. ¿Te acordás de lo que pasó después? Longchamps. El nacimiento de Facundo. La tía Betina, Priscila, la abuela Lily, el tío Juan y el tío Ángel. Todos te trataban como si nada, y vos no te podías defender porque mamá siempre te callaba. No pudiste disfrutar a tu hermano como querías porque siempre se metían ellos. Y ahora estás por vivir lo mismo quizás. Con tu mamá va a ser una lucha terrible, con papá va a ser distinta, pero no más leve. Me estoy preparando ahora porque no se vienen tiempos fáciles para mí. Emocionalmente me estoy derrumbado, y tal vez sea por todas esas cosas que te conté antes, esas cosas que quiero que recuerdes toda la vida, pero no para llenarte de bronca de rencor, sino para llenarte de sabiduría y experiencia, y que no cometas los mismos errores con tus hijos que tus papás cometieron con vos. ¿Te acordás cuando le pegaste a mamá, a los trece año? Después te agarró conjutivitis. El dibujo de Leandro con conjutivitis... re lindo ese día, ¿verdad? Allí fue donde comenzó tu verdadera independencia. Es allí dónde querías romper ese lazo que tenías con tu mamá. Allí fue donde se quebró. Allí fue cuando mamá dejó de verte como... como una cosa con la que pudiera hacer lo que se le cantaba la regalada gana. Ahora no es así. Ahora puedo hacer lo que sea. Con ella, con papá no. Es por eso que quiero que recuerdes lo siguiente, que es lo que siempre repetí. "La adolescencia es un período muy difícil, y no solo por los cambios hormonales y esas cosas, sino por las revelaciones que uno comienza a tener. Una persona adolescente hace cosas de un adulto, pero pensando como un niño. Yo pienso que la etapa más difícil de la adolescencia es la pre-adolescencia, de diez-once años a trece-catorce. En esa etapa uno tiende a pelear con sus padres por cualquier cosa. Pero desde los catorce-quince hasta los dieciocho o más, uno pelea con sus padres cosas coherentes. Le reprocha cosas, errores, fallos que tuvieron en la infancia". No te olvides de eso.

 Tampoco te olvides, Mariana, de cómo te sentís ahora. De cómo se siente un adolescente. ("Teen Idle" vuelve a sonar en mi mente). No sé si te acordás de la metáfora de Los Padrinos Mágicos. No sé si te acordas que decíamos que Cosmo y Wanda era ese espíritu de la niñez-adolescencia que uno pierde y se olvida cuando crece. Bueno. Yo estoy para recordarte a tu Cosmo y a tu Wanda (me agarra nostalgia al decir esto; vos sabes lo mucho que nos gustaba ese dibujito. Estoy llorando :') Sí). Es eso. En este momento me siento mal con mi cuerpo. En este momento me propongo a dar un paso largo, a dejar de ser el fracaso que soy. A adelgazar, a ser más activa, más flaca, más linda. Sabes que hay adolescentes que nacen con todo servido. Que son populares, lindas, flacas y tiene una vida social que flipas (Maca Martinez, tu vecina, por ejemplo). Pero a la gente que nace como yo, fea, tonta, gorda y sin una vida social linda, le viene un malestar constante. Lloran y buscan sentirse mejor. Yo, seguro sabes, encuentro consuelo en el alcohol. No lo suficiente todavía para preocuparme, pero hay gente que se excede. Recordá como te sentís ahora, a los dieciséis años, y como te sentías a los trece, a los catorce, a los quince. Ganas de morir. Nadie te comprende. Decís "A" y todos te entienden como "B". No podés expresarte bien porque piensan mal de vos. No podés decir cómo te sentís porque nadie te escucha, nadie te entiende, y se aprovechan para burlarse de vos. O te juzgan o te estereotipan. Recordá que en la adolescencia, es común querer pertenecer a algo. Recordá como te da bronca que haya gente que diga algo que no es. Recordá que en este preciso momento, en la adolescencia, tenés que cuidar a tus hijos, pero sin que se sientan ahogados o agobiados. Recordá cómo te sentías. Recordá qué es lo que vos buscabas: un oído, un consuelo, un escape. O un remedio. Recordá que ellos también se pueden volver locos. Y recordá que ellos necesitan de su espacio. Si están mal, está el psicólogo. Trata de comprenderlos. Tratá de que si tu hija o hijo te dice lo que siente, vuelvas a tener ese espíritu adolescente en tu piel. Dales confianza, espacio, tiempo. Dales comodidad y consuelo, porque van a estar en la etapa en que más la necesiten. No les digas que son lindos así como así, no les prohíbas cosas sin darles un por qué. Trata que desarrollen sus habilidades. No les obliges a hacer o a ser algo que no quieren. Enseñales a tomar buenas decisiones. Enseñales, también, tu lado adolescente. Demostrales que vos también sufriste más de lo que deberías haber sufrido en esta etapa...

Los adolescentes no son seres impulsivos que hacen cosas por hacerlas y ya está. Tienen consciencia. Saben diferenciar lo que está bien y lo que está mal. Probar una droga, ponerse en pedo, tener sexo no está mal. Son cosas que hay que experimentar. Por eso dales a tus hijos la enseñanza suficiente para que tengan responsabilidad. Cada vez que le digas "No hagas eso" tenés que agregar "Porque...", de esa forma ellos van a entender que es malo porque hace mal, porque es peligroso o algo así. Y no exageres de las cosas. Cuando exageras los peligros y otras cosas más, empezás a perder credibilidad. Ellos ya no te creen. Darles la información necesaria y exacta que ellos necesitan. Y nunca pero nunca les pegues. Trata de hacer chicos hechos y derechos. Y sé que ahora no tengo ni la menor idea de cómo ser madre o cómo criar hijos adolescentes o todas esas cosas, pero no te olvides de lo que es odiarse a sí mismo. No te olvides de lo que es cortarte las muñecas con un cuchillo de sacapuntas porque no te sentís querida o linda. No te olvides de lo que es comprarte alcohol para poder olvidar tus penas por un momento y dejar de llorar. No te olvides de lo que es mirarte al espejo y verse como una morza en persona solo para después ir a saltearse el desayuno, almuerzo lo que sea e inventarle alguna excusa tonta a tus papas. No te olvides de las cosas buenas ni de las cosas malas que ocurren en la adolescencia. No te olvides que para un adolescente, cuando sus padres le dicen "Sí" es sí y cuando le dicen "No" también significa un sí. No te olvides que si ellos quieren hacer algo, lo van a hacer. Si no los dejas, lo hacen a escondidas. Y lo más importante: no te olvides de lo que eras, de lo que fuiste y de lo que sos. 

Creo que no me olvidé de nada. Espero que esto te sirva. Ojala nunca te sientas perdida. Ojala nunca cometas los errores que mis papás cometieron. Quiero que seas feliz, que vivas tu vida. Vive. Te lo vamos a agradecer. 

Son las 06:17 A.M. Y a estas alturas solo tengo que decirte "Suerte". Estoy con algo de sueño, jaja. Realmente me emocioné escribiendo esta carta, así que quiero que te sirva. Nos veremos dentro de un buen tiempo. Para ese entonces espero que hayas cumplido todas tus metas, que hayas cambiado como quieras cambiar y que seas lo que querés ser. Fuerza de voluntad. Mariana, somos fuerte. Siempre lo fuimos. Soportamos cosas que no sé si alguien soportaría. Estamos jodidas mentalmente, pero todavía en pie.

Te quiero.
Ten fe.

Mariana Alejandra Medina Mora.

Villa Carlos Paz, Córdoba.
Argentina.
22/01/2015
06:19 A.M. 

PD: Tenés que ponerle a tus hijos:
Si es nena: Atenea Antonella.
Si es nene: Ían Ezequiel.

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