8/29/2013

- Things just happen

Hace tiempo que no escribo, mucho tiempo. Sé que hay que dar vuelta la página, así que ahora ya no diré más esa palabra: "tiempo". Sería como convocar al diablo, al peor de los recuerdos, como volver a pasar por lo que ya pasé, y que no haya superado, olvidado —o lo que sea— que hice.

Las cosas cambiaron abruptamente en mí, en mi vida. Todo es distinto... Nuevos retos, nuevas decisiones, y sí. Ahora lo necesito a mi lado. Odio la dependencia, nunca quise ser dependiente de alguien porque es lo peor, pero siento que mi vida, que se había convertido en estable, está yéndose hacia abajo.
Cientos de problemas, pero yo tengo ganas de vivir, y sé que esos problemas no tienen que vencerme.

Tengo problemas con mi cuerpo. Estoy entrando a un mundo que me aterra. Estoy siendo lo que siempre leí que eran. Trato de cumplir mis metas, y no puedo, y me frustro. Y me devoro lo que encuentro. Y después no como nada. No me contengo y a los dos días ya estoy comiendo. Quiero hacer actividades, pero me lamento por no haber nacido bien, por no haber nacido como las otras. Es como si otra persona estuviera dentro mío. Cada vez que me veo linda, esa persona me dice fea. Cada vez que me siento flaca, esa persona me dice gorda. Y hasta he tenido vergüenza de mirarme al espejo por no haber al moustro que refleja.

Tengo problemas con mi pasado, que no supero. Nuevos cambios, como el que mis padres se vayan a juntar nuevamente, me están azotando, y no sé qué pensar. ¿Algunas vez tuvieron prejuicios? Así. Tengo prejuicios y los subestimo. Porque no creo que hagan otra cosa más que pelear. La única y última imagen que tengo de ellos conviviendo en la misma casa es una imagen terrorifica, de una nena llorando y tratando de calmar a su padre enfurecido, sola y llorando. Pero ahora hay alguien más que me preocupa: mi hermano. Ahora mi hermano estará. Él no se imagina lo que los padres son capaces de sufrir conviviendo juntos. Y lo entiendo. Los sueños de niños de cinco años.

En fin. En estos tiempos desearía tenerlo a él para un abrazo o un beso que me tranquilice, que me diga que todo estará bien. Que me haga sentir mejor, pero no. Estoy deprimida y no quiero reconocerlo. Y las ganas de vivir, de cumplir mis expectativas y sueños, son las únicas que me mantienen firme. Porque quiero crecer. Como persona, en edad, en todo. Quiero crecer porque quiero ser libre. Pero, de alguna u otra forma, siempre me siento encadenada.